Reseña de Los cárteles no existen: el narco más allá del mito

Todos, en alguna medida, creemos saber de qué va el asunto del narcotráfico. Las obras literarias, los medios de comunicación, las series de televisión e incluso algunos libros periodísticos nos han vendido una idea concreta de lo que significan el “narco”, los “cárteles”, las “plazas” y todo el vocabulario que se utiliza para explicar el fenómeno de la venta de drogas ilegales. En Los cárteles no existen: narcotráfico y cultura en México, Oswaldo Zavala se propone desmitificar ese relato dominante y reubicar el narcotráfico en la esfera geopolítica y social de la que ha sido arrancado para presentarlo como un ente autónomo, separado del Estado y de las políticas internacionales que en realidad lo condicionan.

De manera masiva, el “narco” se presenta como una amenaza externa que corrompe al Estado y aterroriza a la sociedad, sin embargo, Zavala argumenta que en realidad este es una figura construida desde el discurso oficial. El vocabulario se convierte en invenciones discursivas legitimadas por el aparato estatal y reproducidas por los medio, la literatura, el cine y las series. Este lenguaje impide ver que el crimen organizado no opera al margen del Estado, sino que históricamente ha sido gestionado y disciplinado por él.

Contrario a la narrativa que presenta a los cárteles como entidades que “rebasaron” al Estado, Zavala documenta cómo la violencia estalla tras la entrada del ejército a las regiones del país, no antes. La militarización genera el terror que permite justificar el control territorial, desplazar comunidades y facilitar la inversión extranjera. En este sentido, la violencia no es un efecto colateral del narco, sino una herramienta de gobierno. Lo que se vive en zonas como Ciudad Juárez no es una guerra entre cárteles, sino una reconfiguración del poder estatal bajo una lógica neoliberal.

La figura del “narco todopoderoso” cumple una función clara: encubrir los verdaderos centros de poder. Al imaginar a los traficantes como enemigos del Estado, se oculta la realidad de que el crimen organizado ha sido históricamente funcional a las estructuras estatales. Como explica Zavala, aceptar esta narrativa implica perder la capacidad de crítica política, ya que convierte al narco en un “enemigo mítico” mientras los verdaderos responsables se mantienen en el centro del poder. Así, la guerra contra las drogas funciona como una estrategia de control, saqueo y legitimación del poder estatal.

Adicionalmente, de acuerdo a Zavala, no se puede entender la narrativa del narcotráfico sin considerar el papel que ha jugado Estados Unidos en su configuración. Zavala argumenta que desde la Guerra Fría, el gobierno estadounidense ha utilizado el discurso de la “guerra contra las drogas” como una herramienta geopolítica para intervenir en América Latina. Desde la creación de la CIA en 1947, pasando por la Operación Cóndor en los años 70, hasta la Iniciativa Mérida, el narcotráfico ha servido como pretexto para mantener zonas estratégicas bajo vigilancia y control militar, facilitando a la vez políticas económicas favorables al capital transnacional. En ese contexto, Zavala identifica tres momentos históricos clave en la relación entre el narco y el Estado mexicano. Primero, el periodo del PRI (1970–2000), en el que el Estado ejercía un poder soberano absoluto y disciplinaba a los traficantes. Segundo, el sexenio de Vicente Fox (2000–2006), donde el vacío de poder y la fragmentación del aparato estatal permitieron a policías locales y actores regionales obtener más autonomía. Y tercero, el gobierno de Felipe Calderón (2006–2012), que utilizó la supuesta “guerra contra el narco” como un medio para recuperar la soberanía del Estado mediante la militarización. En todos estos casos, el narco no representa una amenaza real al poder, sino una excusa funcional para redefinir las relaciones de poder, dentro y fuera del país.

Al desmontar la narrativa oficial del narcotráfico, Los cárteles no existen propone una lectura profundamente política del fenómeno, que devuelve al Estado su lugar central en la producción de violencia, control y orden simbólico. Zavala no niega la existencia del tráfico de drogas ni de los actores que participan en él, sino que cuestiona la forma en que estos han sido representados para justificar intervenciones militares, estrategias de seguridad y formas de despojo territorial. En un país donde la palabra “narco” lo explica (y justifica) todo, este libro ofrece un punto de partida necesario para repensar lo que sabemos —o creemos saber— sobre el poder y la violencia en México. Invito a leerlo no para encontrar respuestas simples, sino para hacerse nuevas preguntas.

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I’m a Ph.D. student in Cognitive Psychology at Rutgers University. You can find my reflections on various cognitive and behavioral sciences topics, book reviews, and even life thoughts here. My background is in experimental analysis of behavior and cognitive sciences, so you’ll find topics as diverse as my academic interests: visual perception, temporal perception, statistics, behavioral economics, and more. I hope you enjoy and learn from my writings.

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