El comportamiento humano es una constante negociación entre diversas actividades que compiten por nuestra atención y tiempo. El tiempo que tenemos en la vida es finito, y una forma en que los organismos, incluidos los humanos, distribuyen su conducta es en función de las recompensas que cada actividad les proporciona. Sin embargo, en un mundo donde las gratificaciones inmediatas son más accesibles que nunca, es fácil que ciertos comportamientos se conviertan en hábitos difíciles de controlar. En este texto, exploraremos dos casos que ilustran cómo la disponibilidad de reforzadores inmediatos, como las redes sociales o las aplicaciones de citas, puede influir en la distribución del comportamiento y en la calidad de vida de las personas.
Los casos
Rubén y Michael son dos personas con vidas aparentemente diferentes: uno es un adolescente en plena etapa escolar, mientras que el otro es un adulto con un empleo estable. Sin embargo, ambos enfrentan un reto común: la dificultad para manejar conductas que inicialmente les brindaban placer pero que, con el tiempo, comenzaron a interferir en sus responsabilidades y bienestar. A través de estos casos, analizaremos cómo los principios del análisis conductual, como la ley de igualación, el descuento temporal y el contraste conductual, pueden ayudarnos a comprender la creciente dependencia a las redes sociales y las aplicaciones digitales.
Michael
Michael es un adulto de 33 años con un trabajo estable que, sin embargo, ha comenzado a presentar problemas que afectan su bienestar emocional y profesional. Recientemente terminó una relación amorosa, lo que añadió más estrés a su situación. En un intento por superar la ruptura, satisfacer sus necesidades emocionales y sexuales, y distraerse de sus problemas laborales, decidió descargar y utilizar Grindr, una aplicación de citas orientada a encuentros sexuales entre hombres.
Aunque inicialmente usó la aplicación como una distracción y una forma de consuelo, pronto empezó a enfrentar problemas más significativos tanto en su entorno laboral como en su bienestar emocional. Desde su ruptura, ha experimentado un aumento en sus niveles de ansiedad. Al principio, recurría a Grindr para obtener un alivio temporal, encontrando en el sexo ocasional una vía de escape de sus preocupaciones cotidianas. Sin embargo, este alivio resultó ser efímero: al finalizar cada encuentro, la ansiedad no solo regresaba, sino que se intensificaba, desencadenando un ciclo de uso compulsivo de la aplicación.
Michael ha comenzado a preocuparse por la posibilidad de no encontrar una pareja estable y por los riesgos para su salud asociados con los encuentros sexuales esporádicos, como las enfermedades de transmisión sexual (ETS), además de sus preocupaciones habituales relacionadas con el trabajo. Su conducta se ha convertido en un círculo vicioso: utiliza Grindr para aliviar su ansiedad, pero después de cada encuentro, la preocupación y la ansiedad aumentan, lo que lo lleva a buscar más encuentros.
Este patrón no solo afecta su salud mental, sino que también ha comenzado a impactar su rendimiento en el trabajo y su vida social.
Rubén
Rubén es un adolescente de 14 años con un buen rendimiento académico y una vida social activa en la escuela. Vive en los suburbios, donde las actividades de ocio, como ir al cine o a parques, requieren transporte debido a las largas distancias. Una de sus principales limitaciones es que sus padres trabajan y no siempre están disponibles para llevarlo.
A pesar de su éxito escolar y sus buenas relaciones sociales, Rubén pasa la mayor parte de su tiempo libre en casa, inmerso en su celular. Al principio, solo dedicaba unos momentos a plataformas como TikTok e Instagram, sin que esto afectara su desempeño académico ni sus actividades cotidianas. Sin embargo, con el tiempo comenzó a pasar cada vez más horas en estas redes sociales, hasta el punto de descuidar sus tareas escolares y ver una disminución en sus calificaciones. La situación empeoró a tal grado que, incluso cuando salía con sus padres, se mantenía constantemente en su celular, sin prestar atención a su entorno.
Sus padres intentaron hablar con él sobre la importancia de mantener un equilibrio entre su vida digital y sus responsabilidades escolares, pero Rubén parecía cada vez más desconectado y menos interesado en las actividades que antes disfrutaba. Para ellos, Rubén se había convertido en un “adicto” a las redes sociales. Su solución fue quitarle el celular, pero esto tuvo un efecto contraproducente: Rubén comenzó a mostrar una actitud más agresiva, perdió aún más el interés en la escuela y pasaba largas horas durmiendo.
Los principios Conductuales
A simple vista, el comportamiento de Rubén y Michael podría interpretarse como una falta de autocontrol o incluso como una adicción. Sin embargo, desde una perspectiva conductual, estos casos pueden entenderse a partir de principios bien establecidos que explican cómo las personas asignan su tiempo en función de las recompensas disponibles. A continuación describiremos brevemente algunos principios y regularidades encontradas en las ciencias del comportamiento.
Idea General
El comportamiento puede entenderse como un conjunto de actividades que se distribuyen a lo largo del tiempo, el cual es un recurso finito. Si representamos el tiempo total disponible en un día como T, este puede descomponerse en la suma de los tiempos dedicados a n actividades específicas

donde cada ti representa el tiempo invertido en una actividad particular. Esto implica que las actividades compiten entre sí, ya que el tiempo dedicado a una de ellas reduce la cantidad de tiempo disponible para las demás. ¿Hay alguna regla para distribuir el comportamiento?
Ley de Igualación
Una de las regularidades más importantes en las ciencias del comportamiento es que el tiempo o la proporción de veces que se realiza una conducta es proporcional a la cantidad de recompensas que esta genera en comparación con otras fuentes de recompensas. En otras palabras, las personas tienden a distribuir su tiempo de acuerdo con el valor relativo de los beneficios obtenidos de cada actividad.
Por ejemplo, en una discusión entre tres personas: A, B y X, la conducta de X está influenciada por el nivel de apoyo que recibe de A y B. Si, en el transcurso de una hora, A apoya el 80% de los argumentos de X y B solo el 20%, X dirigirá el 80% de sus intervenciones hacia A y el 20% hacia B.
Matemáticamente, esta relación puede expresarse mediante la siguiente ecuación:

donde x representa la proporción de tiempo o respuestas asignadas a una actividad, R(x) es la cantidad de recompensas obtenidas de esa actividad, R0 corresponde a la recompensa total disponible provenientes de otras fuentes de recompensas, y k es una constante de proporcionalidad.
Descuento Temporal y Probabilístico
Otra de las regularidades identificadas en las ciencias del comportamiento es que el valor percibido de una recompensa disminuye a medida que se aleja en el tiempo o cuando su probabilidad de ocurrencia es baja. En otras palabras, las personas tienden a preferir recompensas inmediatas y seguras sobre aquellas que son futuras o inciertas.
Por ejemplo, si se presentan dos recompensas de igual magnitud, X y Z, pero la recompensa X está demorada mientras que la recompensa Z es inmediata, se preferirá Z sobre X, es decir, Z > X. De manera similar, si la probabilidad de obtener X es menor que la de Z, se elegirá Z con mayor frecuencia.
El valor subjetivo de las recompensas en función del tiempo y la probabilidad puede describirse mediante la siguiente ecuación de descuento:

donde V representa el valor subjetivo de la recompensa, A es su magnitud, D la demora en recibirla, θ una medida indirecta de probabilidad de ocurrencia (un valor esperado del tiempo de espera necesario para obtener una recompensa en una serie de intentos probabilísticos), y k es un parámetro que refleja la sensibilidad al descuento. Este modelo sugiere que el valor de una recompensa se relaciona directamente con su magnitud cuando se entrega de inmediato; sin embargo, a medida que la demora o la incertidumbre aumentan, su valor percibido disminuye. Valores más altos de k indican una mayor sensibilidad al retraso o a la incertidumbre, lo que implica una preferencia más marcada por recompensas inmediatas y seguras.
Contraste Conductual
A diferencia de la ley de igualación, que describe la distribución simultánea de la conducta entre múltiples fuentes de recompensa, el contraste conductual ocurre en situaciones donde las fuentes varían según el momento y el contexto. Este fenómeno se refiere a cómo la tasa de recompensa en un período de tiempo influye en la tasa de respuesta hacia otras fuentes de recompensa en un período posterior o diferente. El contraste conductual puede manifestarse de dos maneras: contraste positivo, en el cual una disminución en la recompensa en un contexto lleva a un aumento en la tasa de respuesta en otro, y contraste negativo, donde un incremento en la recompensa en un contexto provoca una reducción en la tasa de respuesta en otro. Este efecto resalta la influencia que tienen las condiciones pasadas y presentes en la asignación de la conducta, reflejando la sensibilidad del organismo a los cambios en su entorno de recompensas.
Regresando a los casos
Michael
Pensemos en el caso de Michael. Anteriormente, tenía una relación de pareja que ocupaba una parte significativa de su tiempo, determinada por los aspectos positivos que esta aportaba a su vida, como afecto, compañía, apoyo emocional, validación, experiencias compartidas y gratificación sexual. Estos elementos funcionaban como refuerzos positivos, ya que incrementaban la probabilidad de que Michael siguiera invirtiendo tiempo en actividades relacionadas con la pareja. Además, estar en una relación reducía estímulos negativos como el estrés y la ansiedad, proporcionando una sensación de bienestar y estabilidad, lo que constituye un ejemplo de refuerzos negativos: la eliminación de estímulos nocivos sirve como recompensas.
Sin embargo, al eliminarse esta fuente de recompensas, la distribución del comportamiento de Michael cambió. Una de las fuentes que comúnmente sustituyen este vacío son las aplicaciones de redes sociales, especialmente aquellas enfocadas en el placer sexual, como Grindr. Cuando las personas carecen de pasatiempos y enfrentan altos niveles de estrés, algunos terapeutas señalan que es más fácil engancharse a este tipo de aplicaciones debido a la gratificación inmediata que proporcionan. En el caso de Michael, su uso compulsivo de Grindr se debe a que las recompensas obtenidas son inmediatas, mientras que las consecuencias negativas, como el aumento de ansiedad, están demoradas en el tiempo y son probabilísticas. A pesar de ser consciente de estos efectos adversos, continúa utilizando la aplicación porque las recompensas inmediatas, aunque pequeñas, tienen un peso mayor en su toma de decisiones. Es probable que la falta de otras fuentes de recompensa, como pasatiempos o nuevas relaciones, haga que su comportamiento se concentre predominantemente en el uso de Grindr.
Por otro lado, su insatisfacción laboral ha disminuido la cantidad de recompensas positivas que solía obtener en el trabajo. Aunque en teoría esta situación no debería afectar otras áreas de su vida, en la práctica lo hace. Aquí es donde el contraste conductual juega un papel crucial: la disminución de recompensas en su entorno laboral ha intensificado su búsqueda de gratificación en Grindr, generando un contraste positivo, es decir, un aumento en su tiempo de uso de la aplicación. No obstante, este exceso de gratificación a través de Grindr podría estar provocando un contraste negativo, reduciendo aún más su interés y compromiso en otras áreas de su vida, como su rendimiento laboral y sus relaciones sociales, lo que perpetúa el ciclo de ansiedad y evasión.
Una solución más efectiva para Michael sería la introducción gradual de nuevas fuentes de gratificación que puedan reemplazar parcialmente las recompensas que obtenía en su relación, como la búsqueda de nuevas interacciones sociales, el desarrollo de pasatiempos o la práctica de actividades recreativas que le proporcionen bienestar emocional. De esta manera, podría redistribuir su tiempo de forma más equilibrada, reduciendo su dependencia de Grindr sin generar un impacto drástico en su bienestar. Además, establecer límites progresivos en el uso de la aplicación, como la reducción paulatina del tiempo dedicado a ella y la definición de momentos específicos para su uso, podría ayudarle a recuperar el control sobre su conducta. Implementar estrategias de autocontrol, como la fijación de metas personales a corto y mediano plazo, así como la reflexión sobre las consecuencias negativas del uso excesivo de Grindr, también le permitiría tomar decisiones más conscientes. Finalmente, mejorar su entorno laboral mediante la búsqueda de nuevas oportunidades o retos podría incrementar la cantidad de recompensas obtenidas en este ámbito, reduciendo la necesidad de buscar compensaciones en otros espacios menos beneficiosos a largo plazo.
Rubén
El caso de Rubén puede explicarse a través de los mismos principios conductuales. Inicialmente, Rubén distribuía su tiempo entre diversas actividades, como la escuela, la convivencia con amigos y el uso moderado de redes sociales. Según la ley de igualación, el tiempo dedicado a cada actividad estaba determinado por la cantidad de recompensas que cada una proporcionaba en comparación con las demás. Sin embargo, debido a las limitaciones de transporte y la falta de disponibilidad de sus padres, las oportunidades para obtener recompensas en actividades fuera de casa disminuyeron, haciendo que el celular se convirtiera en una fuente accesible e inmediata de gratificación. Plataformas como TikTok e Instagram ofrecen recompensas inmediatas y constantes, como entretenimiento, validación social y novedad continua, lo que llevó a Rubén a incrementar progresivamente su uso en detrimento de otras actividades menos accesibles o gratificantes, como hacer tareas o interactuar en entornos offline.
Desde la perspectiva del descuento temporal, las redes sociales representan una fuente de recompensas inmediatas y frecuentes, mientras que los beneficios de realizar tareas escolares o participar en actividades fuera de casa requieren un mayor esfuerzo y ofrecen recompensas más demoradas en el tiempo. Como resultado, Rubén comenzó a preferir la gratificación instantánea proporcionada por las redes sociales, a pesar de que, a largo plazo, esto tuvo consecuencias negativas en su desempeño académico y su vida familiar. La falta de una estructura que ofreciera recompensas inmediatas alternativas contribuyó a su dependencia de las redes.
El contraste conductual explica la reacción de Rubén cuando sus padres decidieron retirarle el celular. Al eliminar una fuente de recompensa altamente accesible y gratificante sin ofrecer alternativas atractivas, su comportamiento mostró un contraste negativo, es decir, una disminución en su interés por otras actividades, como la escuela y las interacciones familiares, junto con un aumento en comportamientos problemáticos como la agresividad y el letargo. La pérdida del acceso al celular eliminó una fuente significativa de recompensa positiva, lo que generó una falta de motivación generalizada y una posible respuesta emocional de frustración ante la privación.
En el caso de Rubén, una estrategia más efectiva habría sido reducir el uso del celular de manera progresiva, complementándolo con la introducción de actividades alternativas que le proporcionen recompensas inmediatas y satisfactorias, como el deporte, actividades artísticas o sociales que capten su interés. La eliminación abrupta del celular generó un contraste negativo que podría haberse evitado estableciendo horarios controlados de uso, combinados con incentivos que fomentaran una mayor participación en actividades offline. Además, reforzar sus logros académicos con recompensas significativas a corto plazo, como reconocimiento por sus esfuerzos o pequeñas gratificaciones, podría haber contribuido a equilibrar su tiempo entre las redes sociales y sus responsabilidades escolares. La implementación de una estructura clara de recompensas y límites, junto con la promoción de interacciones familiares más atractivas, habría ayudado a mantener su “motivación” sin generar resistencia ni frustración. Finalmente, dotarlo de herramientas de autorregulación, como la gestión del tiempo y la planificación de actividades, le permitiría desarrollar hábitos más saludables y un uso más responsable de la tecnología.
Conclusión
El uso excesivo de redes sociales y aplicaciones no es simplemente una cuestión de falta de autocontrol o una ‘adicción’ en términos tradicionales, sino un reflejo de cómo la estructura de recompensas en nuestro entorno tiene un efecto en nuestra conducta diaria. Al comprender estos principios conductuales, podemos desarrollar estrategias más efectivas para redistribuir nuestras actividades y mejorar nuestro bienestar.
En la próxima entrega, exploraremos cómo el uso de términos como ‘drogas conductuales’ contribuye a la estigmatización y por qué es fundamental entender que estas conductas, aunque problemáticas, no deben equipararse con el consumo de sustancias químicas. ¡Nos vemos en la Parte 2!
Referencias
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